Cuando nos convertimos en madres y padres de bebés humanos una de las principales preocupaciones que tenemos es si seremos capaces de proteger a nuestros hijos.
Los bebés
caen de cambiadores y camas cuando son pequeños, nos afanamos en poner barrotes y barandillas. Cuando empiezan a caminar ponemos barreras en las escaleras, protectores en esquinas, bordes de las mesas, estufas y chimeneas... Todo tipo de utensilios y cachivaches para que nuestros hijos no sufran ningún daño.
Está bien visto socialmente. Nadie diría "¿Pero porqué pones eso?, si no es necesario". Ni tampoco "Mejor no pongo la barrera que me cuesta dinero
o tengo que agujerear la pared para su instalación".
Todo esto no sería planteable si hablamos de bebés humanos. En cambio si hablamos de nuestra mascota
, todo cobra sentido.
Muchas personas por falta de conocimiento, por prejuicios, ideas erróneas o simplemente por creer que nunca les pasará a ellos, no aseguran su vivienda como es debido ante la llegada de una mascota a su hogar.
"No es necesario", dicen. "Mi anterior gato nunca se asomó al balcón. No caerá por la ventana
, los gatos son listos", "vale mucho dinero poner redes, mi casero no me dejará..."
En el caso de los gatos esta seguridad es imprescindible en ventanas, balcones y accesos exteriores tales como jardines y patios.
Los gatos son curiosos
por naturaleza y tienen una increíble capacidad para saltar, trepar y escurrirse por lugares minúsculos. Así que habrá que asegurar la casa de tal modo que no puedan salir al exterior del recinto.
Y ¿cómo? Toma nota:
